Respirar un ambiente sano, donde el aire y la luz entran y circulan, es esencial para nuestra salud.
Así, la luz, el agua, y un buen contacto a tierra son componentes esenciales de una alimentación adecuada. La tierra nos aporta electrones. Los electrones activados en los alimentos han absorbido la energía de la luz, que nosotros utilizaremos.
El agua de calidad, no sólo hidrata, aporta energía e información, según su tipo de estructura, pues en la naturaleza el agua es un precioso cristal líquido.
El agua natural y fresca, como el agua pura que fluye por las cascadas, tiene un patrón de organización molecular que favorece procesos enzimáticos, baja la viscosidad del plasma y mejora la microcirculación.
El aire es el elemento conductor de un tipo especial de prana, que conduce la energía de la salud a todas las partes del organismo
Pero no terminamos aquí, aunque ahora estamos obligados a estar más aislados que nunca, no podemos olvidar que los árboles, el perro, las otras personas o el mismo Sol, nos ofrecen el estupendo regalo de su energía vital, haciendo que la gran cadena de la vida sea la del intercambio de prana, en el que cada vida recibe energía vital de todas las otras formas de vida y devuelve ese prana, enriquecido con su propia vida, a todas las formas de vida con las que entra en relación.
Así pues, tras esta etapa de individualismo, debería por fin llegar una maravillosa etapa de «unidiversidad», donde el yó forme parte de un todo común, solidario y saludable, que es el verdadero objetivo de la evolución.
Sanar comiendo